La economía venezolana después de 40 meses de hiperinflación

(01/05/2021)

Venezuela ingresó este abril al pequeño grupo de países que han sufrido hiperinflaciones por más de cuatro años. El proceso hiperinflacionario en la República Bolivariana empezó a finales del 2017 y se ha prolongado por 40 meses. Es la tercera más larga de la historia, solo superada en Latinoamérica por la de Nicaragua, que padeció el fenómeno económico entre 1986 y 1991.

Se habla de hiperinflación cuando la subida de los precios es explosiva y constante. Según economistas, existe el fenómeno cuando lo que se paga por bienes y servicios se incrementa más de 50% cada mes o aumenta 500% por año.

A lo largo de la historia se han documentado 56 procesos hiperinflacionarios, de acuerdo con los estudios del académico estadounidense del centro John Hopkins y quien fue asesor económico en Venezuela antes del chavismo, Steve Hanke.

De los 56 países afectados por esta “enfermedad económica” solo un puñado ha experimentado cuadros más severos que el de Venezuela. Las hiperinflaciones europeas de principios del siglo pasado se destacan entre las más graves.

Durante la crisis económica en la República de Weimar, el régimen político surgido en Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, se retrataron compras de pan con carretillas llenas de dinero.

Años más tarde, en Hungría se romperían todos los récords hiperinflacionarios: el valor de la moneda húngara se pulverizó a tal punto que las transacciones se llevaban a cabo por el color del billete y no por su denominación.

Casi simultáneamente al drama económico húngaro, se producía la tragedia griega. El economista Gail Makinen estudió el caso heleno a finales de la Segunda Guerra Mundial, donde el dracma no duraba cuatro horas en las manos de los griegos sin que estos buscaran deshacerse de la divisa a toda costa.

Aunque la hiperinflación en Venezuela todavía dista del deterioro de los casos de Europa en la primera mitad del siglo, sí se perciben sus efectos dramáticos.

La moneda venezolana lleva tiempo dando tumbos. De hecho los venezolanos han tenido tres conos monetarios en 20 años y el efectivo ha ido desapareciendo paulatinamente, a medida que avanza el uso del dólar estadounidense.

Actualmente, en Venezuela los billetes prácticamente no existen y la suma de las tres mayores denominaciones de su cono monetario equivale a centavos de un dólar estadounidense, que paradójicamente es la moneda que más circula.

No hay bolívares en billetes

En el decimocuarto mes de hiperinflación en el país suramericano se rompieron dos hitos. El primero: la liquidez monetaria alcanzó la histórica cifra de 1.062.218.936 millones de bolívares (Bs), según datos del Banco Central de Venezuela publicados el pasado 2 de abril.

El segundo: “La proporción de billetes y monedas como parte de la liquidez total llegó al mínimo histórico de 1,68%”, según estimaciones del portal venezolano especializado en economía Banca y Negocios.

El economista Asdrubal Oliveros, en conversación con la Agencia Anadolu, señaló que “siempre el efectivo es una proporción menor del total del dinero en un país, pero el caso venezolano está muy por debajo del promedio internacional (12%) y se usa principalmente para el transporte público”.

Para el también director de la empresa de análisis económico Econalítica, el actual Gobierno venezolano no supo lidiar con la condición inflacionaria que arrastra la economía desde finales del siglo XX y no reparó en las señales que apuntaban a un inicio del ciclo hiperinflacionario en la antesala del 2017.

Además, Oliveros señala que las administraciones chavistas conjugaron una serie de factores como el “control draconiano” de cambio y precios, la destrucción del aparato productivo y el financiamiento del déficit fiscal con emisión inorgánica del Banco Central de Venezuela, aspectos que fueron el caldo de cultivo para exacerbar la inflación.

Las monedas tienen tres funciones: unidad de cuenta, reserva de valor y medio de intercambio. “El bolívar solo conserva a medias su función como medio de intercambio”, mientras que los bolívares como reserva de valor son un “sinsentido”.

De la misma manera, la moneda venezolana es inmanejable como unidad de cuenta por la cantidad de ceros que acompaña a las transacciones más simples y solo guarda esta faceta en un sentido formal, mas no de facto. “¡Un café cuesta millones de bolívares! Por eso la gente le quita ceros a la cuenta o la lleva a dólares”, aclaró el también miembro del Comité Editorial de Economía del diario El Nacional.

“La dolarización es una obvia consecuencia de la inflación”, sentencia Oliveros.

Dolarización

Ecoanalítica estima que en Venezuela circulan 2.000 millones de dólares. Buena parte de estos están en efectivo, lo que explica que el 72% de las transacciones del país suramericano se haga en la moneda estadounidense e indica que casi cuatro tercios de la economía venezolana está dolarizada de facto.

A pesar de que la liquidez monetaria en bolívares haya alcanzado su pico histórico en este abril, esto solo representa 455 millones de dólares, una cifra 45% menor a los depósitos hechos en divisa extranjera en la banca venezolana.

Pascualina Curcio es del grupo de economistas que defiende que “la hiperinflación es un fenómeno político que se origina a través de la manipulación de variables económicas, específicamente el valor de la moneda” y, a su criterio, estas acciones vienen encubiertas por un “manto monetarista utilizado para inducir hiperinflaciones y, con ellas, derrocar revoluciones socialistas o garantizar, cada vez más, la hegemonía del dólar en el sistema monetario internacional a través de las dolarizaciones”.

El economista y diputado de la Asamblea Nacional por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Tony Boza, comparte el criterio de Curcio y argumenta en conversación con la Agencia Anadolu que la caída de la demanda por parte de los venezolanos solo permite explicar el fenómeno de la hiperinflación por la vía de la manipulación de la tasa de cambio bolívar-dólar. “Ese es el origen de la distorsión de los precios”.

Salarios de menos de 1 dólar

Según cálculos del Observatorio Venezolano de Finanzas, ente que responde al autoproclamado gobierno interino, un empleado del sector privado gana entre 53 y 236 dólares mensuales en promedio, de acuerdo con su grado de preparación.

El salario mínimo legal en Venezuela no llega a un dólar, pero aun así sirve como punto de referencia para calcular los salarios dentro de la administración del Estado.

El obrero con más baja remuneración del sector privado gana 20 veces más que un profesor del escalafón más alto en una universidad pública.

En Venezuela hay alrededor de 3 millones de trabajadores públicos. Estos representan el 20% de la fuerza laboral venezolana y son los peores pagados del país. Las personas que trabajan para el Estado no ganan más de cinco dólares mensuales en promedio.

Estos casi tres millones de personas son a quienes la dolarización de facto dejó “rezagados”. El diputado Boza dice al respecto que todas las sociedades que han vivido bajo hiperinflación “se indexan a una moneda fuerte espontáneamente, pero este proceso es desincronizado, desigual y deja a actores rezagados, como los empleados públicos”.

En ese sentido, Boza introdujo una propuesta en el Legislativo venezolano para que los salarios y las referencias para la recaudación de impuestos se indexaran de manera formal. La unidad de cuenta en dicha propuesta sería la controvertida criptomoneda venezolana: El petro.

En agosto de 2018 se realizó un primer intento de imponer al petro como unidad de cuenta indexada y se anunció un mecanismo de relacionamiento con el salario que fue el de “medio petro”.

La “unidad de cuenta indexada” es cuando se ancla el valor de la “unidad tributaria” al valor del dólar o de la inflación o del petro, como un mecanismo para calcular los impuestos, pero en un contexto de hiperinflación por más que se aumenten las unidades tributarias estas no logran aguantar el ritmo de deterioro de la moneda, por lo que el Estado se queda sin recaudación tributaria.

Boza “aclara que este mecanismo realmente nunca operó y al anuncio le siguieron adecuaciones ejecutivas que demostraron que nunca se indexó el petro en la inflación, que va al ritmo de la divisa (dólares estadounidenses) y no de la moneda local”.

“El petro terminó devaluado y no funcionó como unidad de cuenta sino como una referencia arbitraria”, agregó el legislador.

Fuente: Noticias El Nuevo Siglo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *