Informe: “Aquí lo que hay es hambre” Hambre y pandemia en Centroamérica y Venezuela

(Julio 2020)

El hambre y la desigualdad son dos caras de la misma moneda. Aunque América Latina tiene la capacidad de producir alimentos suficientes, variados y de calidad para sus habitantes, gran parte de su población no tiene el dinero suficiente para adquirirlos. El acceso a los alimentos está limitado por la pobreza, muchas veces extrema, de los grupos más vulnerables de la sociedad.

En algunos casos esta pobreza alcanza incluso a los campesinos que producen los alimentos, y que muchas veces no tienen acceso a ellos. Antes de la pandemia, cerca de 14 millones de personas estaban en condición de “inseguridad alimentaria aguda”: 4,5 millones de personas en Centroamérica y 9,3 millones de personas en Venezuela. Hoy, la amenaza del hambre es cada vez más latente y cercana. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que para 20202 unas 83.4 millones de personas alcanzarán niveles de pobreza extrema. Esto, sin duda, incidirá de forma negativa en su acceso a los alimentos, y atentará contra su derecho universal a la alimentación.

La pandemia del COVID-19 llega a América Latina y el Caribe en uno de los momentos más agitados de los últimos tiempos. El reclamo por condiciones de vida más justas ha agudizado las crisis sociopolíticas; en países como Nicaragua, El Salvador, Honduras y Venezuela prevalece la desigualdad y la violencia; los efectos del cambio climático son cada vez mayores y más agresivos, ocasionando desastres que incrementan el hambre. Este contexto ha provocado movimientos migratorios internacionales caracterizados por la precariedad.

Con estas crisis preexistentes, y la falta de garantía del derecho a la salud y la alimentación, el COVID-19 tendrá un efecto negativo inminente en un plazo inmediato. Como siempre, serán las personas pobres quienes se verán más afectadas.

América Latina continúa siendo la región más desigual del mundo en términos de ingreso. Por ello, las personas de países pobres no lograrán sobrellevar la crisis por sí mismas, y requerirán de programas que les ayuden a superar las fases más agudas del COVID-19. Pronósticos de agencias del Sistema de Naciones Unidas y otras organizaciones subrayan el riesgo de una pandemia de niveles “bíblicos” y el riesgo de retroceder, al menos 20 años, en los logros para superar la pobreza extrema y la desigualdad. El panorama actual de Venezuela y Centroamérica ilustra bien este análisis. Si los gobiernos y la comunidad internacional no toman medidas rápidas y oportunas, la crisis por la pandemia desencadenará una hambruna sin precedentes.

Este documento centra su análisis en la situación del Corredor Seco centroamericano, como una de las crisis silenciosas y desconocidas que vive la región desde hace más de 5 años ininterrumpidos, y analiza también la situación en Venezuela, como uno de los focos humanitarios más visibles y reconocidos en el ámbito global.

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