Latinoamérica y El Caribe se plantean en serio eliminar la desigualdad: ¿lo lograrán?

¿Es posible cambiar las cosas?

Si en algún lugar del mundo las desigualdades son “estridentes” (como dijo San Juan Pablo II refiriéndose a México) es en América Latina y El Caribe, el bastión del catolicismo universal.

Por ello, resulta gratificante que dos vicepresidente y cerca de cuarenta ministros de países latinoamericanos y caribeños, reunidos en Ciudad de Panamá, hayan suscrito un compromiso común de reducir las desigualdades en la región.

El acuerdo tiene, entre otras vertientes, ampliar los sistemas de protección social universal; actuar y prestar especial atención a los pueblos indígenas y poblaciones afrodescendientes, abatir la pobreza alimentaria e incluir a los grupos vulnerables en la educación y el desarrollo.

Medidas estructurales largamente suspendidas

El acuerdo de Panamá propone y exige, de una vez por todas, “tomar medidas concretas para reducir las desigualdades estructurales que continúan impidiendo que muchos participen de las sociedades de forma significativa”.

La decisión –que, de llevarse a efecto, significaría una revolución para esta región que pasa por la más desigual del mundo– se adoptó durante el 10º Foro Ministerial para el Desarrollo en América Latina y el Caribe, organizado por el gobierno panameño en asociación con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

En un esfuerzo por simplificar el mensaje del Foro y para que quede claro a los pueblos y gobiernos de la región, sobre todo a los gobiernos, los participantes eligieron como línea comunicativa el “no dejar a nadie atrás”. Donde “nadie” es nadie: principalmente los afrodescendientes y los pueblos originarios.

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Wilfredo Rodríguez-(CC BY-NC-ND 2.0)

Todos deben caber en la agenda

Entre los objetivos que han quedado plasmados a partir de este Foro hay uno que quizá podría transformar rápidamente una región que ha sido duramente castigada por la distancia entre sectores.

En efecto, los asistentes propusieron “ampliar alianzas con el sector privado y buscar soluciones innovadoras para la aceleración de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la región”. Los países acordaron avanzar en la aplicación de la agenda regional de desarrollo social inclusivo, erradicar la extrema pobreza y disminuir la desigualdad.

Hay que recordar que la pobreza extrema es un aguijón brutal en lo que el pensador y sociólogo Eduardo Galeano diría que son “las venas abiertas de América Latina”. En la región, todavía hay 186 millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza y 61 millones en la pobreza extrema.

Cómo hacer lo posible para cambiar las cosas

La realidad regional muestra que “no es posible erradicar la pobreza sin profundizar las políticas activas orientadas a disminuir la desigualdad en sus diferentes manifestaciones, con políticas universales, sensibles a las diferencias, para garantizar derechos para todos”.

La ambición de los países participantes en el Foro de Panamá es que en América Latina y El Caribe se erradique la pobreza en todas sus formas para 2030, como prevén los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Las autoridades latinoamericanas y caribeñas se comprometieron a reconocer a enfrentar las causas más profundas de la exclusión social, como el racismo y la discriminación. Esto también implica “empoderar a las niñas y mujeres y promover mejoras en la educación” así como reducir la violencia contra los jóvenes.

Tares más que pendientes

Al finalizar el Foro los países, además, asumieron el compromiso de generar datos estadísticos mejores y sistemas de registro administrativo, con mayor captación de información en censos de población y desagregación por variables como género, edad, raza, origen étnico, status migratorio, discapacidad, localización geográfica y otras.

El compromiso no evade el fortalecimiento de la institucionalidad de las políticas sociales, con acuerdos amplios, marcos jurídicos nacionales, regionales e internacionales y modelos de organización de acuerdo con los desafíos, acompañados de políticas públicas y programas de lucha contra el racismo, la xenofobia y formas de organización intolerancia, en particular en relación con las mujeres, las niñas y los jóvenes.

El director del PNUD para América Latina y el Caribe, Luis López-Calva, destacó que “esta es una región de renta media, pero que no pudo consolidarse como una sociedad de clase media”. Por ello, “el camino para alcanzar sociedades más justas y cohesionadas pasa por mejorar la inclusión, la productividad y la resiliencia, con una gobernanza efectiva”.

Lo que queda por verse es si esta vez volverá a quedarse todo en el tintero o si, de una vez por todas, la voz de Mercedes Sosa resuena en las vértebras de la región y los latinoamericanos le entran a la marcha, le entran al tambor, y se echan encima un pueblo en su voz.

Fuente: Noticias Aleteia

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